Mónica García considera que el urbanismo debe ser una herramienta de salud pública

  • En la jornada “Una ciudad que cuida”, la ministra de Sanidad ha destacado que el código postal influye más en el bienestar de las personas que su propio código genético.
  • La ministra ha advertido que las ciudades pueden convertirse en espacios hostiles que generan soledad y enfermedad si no se diseñan con criterios de cohesión social y sostenibilidad.
  • Ha señalado la vivienda como uno de los principales determinantes de salud urbana y ha alertado del impacto de la precariedad habitacional en la salud menta

Fotografía nota de prensa

Getafe, 12 de febrero de 2026.- La ministra de Sanidad, Mónica García, ha clausurado la jornada “Una ciudad que cuida” celebrada en Getafe, junto a su alcaldesa, Sara Hernández, donde ha defendido un cambio de paradigma en la gestión sanitaria al situar el urbanismo como una herramienta esencial de salud pública.

Durante su intervención, la ministra ha subrayado que “la salud no empieza en el hospital ni en el centro de salud, sino que se previene y se cuida en lo más cotidiano; en los lugares donde vivimos, en nuestras calles, en nuestros barrios”. En este sentido, ha defendido que las políticas urbanas deben concebirse como políticas de bienestar, equidad y prevención.

García ha señalado que el diseño de las ciudades es, en esencia, una cuestión democrática y social. Factores como la existencia de zonas de sombra frente a las altas temperaturas, la ubicación de mobiliario urbano accesible, la calidad del aire o la seguridad de los entornos escolares influyen directamente en la salud física y mental de la población.

“La salud muchas veces depende de nuestro código postal más que de nuestro código genético”, ha recordado, subrayando que las condiciones en las que se nace, se vive y se envejece determinan la esperanza y la calidad de vida. En este marco, ha advertido que las ciudades pueden convertirse en espacios hostiles que generan soledad y enfermedad debido al ruido, la contaminación o la falta de espacios comunitarios, o bien en entornos que promuevan cohesión social y bienestar.

Respecto a la vivienda la ministra ha alertado sobre el impacto de la precariedad habitacional en la salud mental y en la estabilidad de las personas. “No se puede vivir con bienestar cuando el alquiler se lleva más de la mitad del salario, cuando la incertidumbre habitacional genera problemas de salud mental”. Además, ha advertido que los precios elevados no solo expulsan a vecinos y vecinas de sus barrios, sino también a las redes de apoyo comunitario que resultan fundamentales para la salud pública.

Mónica García ha destacado las herramientas ya puestas en marcha, en el ministerio de Sanidad, bajo la premisa de que “no puede haber personas sanas en un planeta enfermo”:

  • La Guía de Urbanismo Saludable, elaborada junto a la FEMP, para recuperar espacio público para el peatón y pacificar entornos escolares.
  • El Plan Calor y el Observatorio de Salud y Cambio Climático, con sistemas de alerta adaptados a cada territorio.
  • El compromiso de descarbonización del Sistema Nacional de Salud, orientado a reducir la huella climática del sistema sanitario.

Y ha trazado una hoja de ruta estructurada en tres ejes prioritarios: reforzar la equidad territorial, priorizando la inversión en los barrios con mayor vulnerabilidad ambiental y social; impulsar una participación real, empoderando al tejido vecinal para que las políticas urbanas se diseñen con la ciudadanía y no solo para la ciudadanía; y garantizar la salud en todas las políticas, mediante la evaluación sistemática del impacto sanitario de cada intervención en ámbitos como el transporte, la vivienda o el medio ambiente.

La titular de Sanidad ha concluido su intervención apelando a la corresponsabilidad institucional y social: “Si queremos ciudades que cuidan, necesitamos instituciones valientes, barrios activos y ciudadanía implicada”.

Con este enfoque, el Ministerio de Sanidad reafirma su compromiso con una concepción integral de la salud pública, centrada en los determinantes sociales y en la construcción de entornos urbanos que reduzcan desigualdades y mejoren la calidad de vida de la población.